Testimonios

Carta de Ximena Piña, esposa de paciente Ricardo Núñez Jordán.

Nunca nos imaginamos que nos pasaría a nosotros. Somos un matrimonio sin hijos, Ricardo Profesor de Física, deportista de alto rendimiento, cuya pasión era la fotografía submarina y el nado con aletas en el mar y yo Ximena, Ingeniero de Ejecución, desarrolladora de proyectos.
Como nuestra jubilación es muy pequeña y no podemos acceder a trabajos por ser personas de tercera edad, es que decidimos continuar con lo que sabíamos hacer y nos dedicamos a la capacitación.
Fue en febrero de 2016 -al iniciar un curso-, cuando Ricardo se sintió mareado, como consecuencia de un tumor al cerebelo, que resultó ser metástasis de un cáncer al pulmón. Fue así como luego de extirparle el tumor, empezó un tratamiento de Radioterapia, Quimioterapia e Inmunoterapia, para que a finales del 2017, nos informaran que el tratamiento no había resultado, que el cáncer seguía avanzando y que el tumor volvía a aparecer; a pesar de que Ricardo era candidato para una nueva operación y terapias, optamos por renunciar a ello, por el alto riesgo que ello significaba y seguir con tratamientos paliativos.
Los dos años de tratamiento de Ricardo no sólo resultaros para nosotros tener una pésima calidad de vida, escasísimo trabajo, sino que además mermar nuestros recursos económicos. La situación se ponía cada vez más difícil, yo no podía atenderlo sola, no contamos con red de apoyo para ello, por lo que sólo podíamos optar a contratar personal especializado y eso tiene un altísimo costo. Yo estaba a punto de decaer, las fuerzas se me terminaban, cuando una luz de esperanza se presentó frente a nuestros ojos, nos ofrecieron postular para internar a Ricardo en la Clínica Familia; accedimos de inmediato, nos fueron a visitar y a la semana nos avisaron que Ricardo estaba aceptado – en ese momento sentí que desfallecía-, no quería dejar a la persona que amaba en una Clínica -por qué yo no podía atenderlo-, lloré amarga e intensamente….me pregunté ¿por qué a nosotros nos pasa esto?. Conversamos y si no nos sentíamos cómodos, volvíamos a casa, así lo hicimos.
La última semana de Febrero de 2018, Ricardo ingresó a la Clínica, nos recibieron con los brazos abiertos, inmediatamente nos sentimos acogidos y mi enorme tristeza empezó a disminuir. Ricardo está recibiendo la atención profesional que yo no puedo brindarle, especialmente en estos momentos en que perdió la movilidad.
Estoy nuevamente empezando a trabajar, voy a visitar a Ricardo todas las tardes, pero lo más importante es que se siente muy cómodo, mejor que en casa, estamos “en Familia”.
La calidad del equipo humano que atiende en la Clínica: médicos, enfermeras/os, auxiliares de enfermería, voluntarios y otros es extraordinario, con que cariño tratan a los pacientes y a sus familias, de verdad no tengo palabras para expresar mi gratitud.
No importa si ensucian la ropa de cama…si hay que mudarlos, cambiarlos de ropa muchas veces o darles la comida, siempre están atentos y felices, como también si alguien requiere atención médica todo el equipo corre a atenderlo. Lo más importante de todo, es que no tiene costo para nosotros sólo aportes voluntarios, si es que se puede.
Como anécdota debo contar que Ricardo solicitó que le facilitaran una sala para montar su taller de marquetería, que era su sueño antes de enfermar….el personal, -por los que siento un gran aprecio-, lo consiguió, aun sabiendo que Ricardo no puede hacer manualidades ya que las manos no le responden, lo que refleja el amor que entregan a sus pacientes para que se sientan cómodos, felices y tengan mejor calidad de vida.
Hoy pienso que recibimos un regalo del cielo y estoy feliz de poder tener a Ricardo en un lugar hermoso, al lado de la Cordillera, con bellos jardines, pero lo más importante es la atención del maravilloso personal con que cuenta la Fundación.
Ricardo fallece en Clínica Familia el día 25 de mayo de 2018.